11 de septiembre de 1847

Querida Isabel:

Te escribo esta carta antes de que las comunicaciones se interrumpan entre Chapultepec y la Capital. Espero que llegue pronto y que para entonces, ya estés lejos de toda esta locura. Como seguramente ya sabes, las fuerzas de la República han sufrido varios reveses y derrotas en Churubusco y Molino del Rey. El enemigo se acerca rápido y no creo que podamos resistir mucho tiempo.

Me ha llegado la noticia de que los irlandeses que han estado combatiendo en nuestras filas desde Monterrey han sido capturados en Churubusco junto con su capitán John Riley. Esto es más que lamentable, pues por lo que pude oír de él, parece que es un hombre de honor que rápidamente se había ganado la simpatía de todos los soldados. El general Monterde nos ha dicho que los ahorcarán en Mixcoac, y, a menos que podamos resistir a los americanos el tiempo suficiente, no podremos ayudarlos de alguna manera.

Son tiempos muy extraños Isa. Nunca pensé que a mis veinte años yo estaría al frente de un batallón, mucho menos combatiendo a un enemigo extranjero. No te imaginas la impotencia que se siente estar aquí, en el colegio, y escuchar las noticias dolorosas que llegan de Veracruz, de Xalapa y de Puebla. Parece que muchas poblaciones han sufrido saqueos por parte de los americanos, que se empeñan en atrapar a los guerrilleros que obstruyen los envíos de armas y de hombres que llegan desde Veracruz.

Nos llegan historias extrañas. Se nos dijo que cuando la tropa fue derrotada en Cerro Gordo, un sacerdote llamado Celedonio Domecq de Jarauta liberó a los presos en Cosamaloapan y ha liderado una guerrilla para hacerle la vida imposible a Scott. Me parece tan extraño que un sacerdote haga eso, pues dicen que usa pistola y espada, y que mató un hombre en un palenque por apoyar la invasión yanqui. Pero como van las cosas, que Dios lo bendiga. Necesitamos toda la ayuda que podamos obtener, sea de quien sea.

Desde antier se nos había avisado que si Churubusco caía, Chapultepec sería el siguiente punto de importancia para Scott. No lo dudo. Por lo que hemos visto desde Cerro Gordo, Scott es listo, y usará todos los medios para tomar Chapultepec. El castillo domina todo el valle y, aunque no es una fortificación militar, desde aquí se domina toda la ciudad. Además, aquí cerca brotan dos de los manantiales que abastecen de agua a la ciudad. Si los yanquis las toman, podrán sitiar la ciudad sin problemas, cortando el suministro de agua.

¿Cómo van las cosas en la ciudad? ¿La gente está tan desanimada como nos han contado? Aquí nos llegan historias. Nos dicen que la gente que puede irse, ya lo hizo. Dicen que los alimentos escasean y que cada vez sienten la derrota más cerca. Lo peor es que creo que la culpa de la guerra no es nuestra. Es de todos aquellos que no movieron un dedo desde hace tiempo. Desde que Texas se perdió, se hablaba de una guerra con los Estados Unidos, sin embargo, no dejamos de pelear entre nosotros. Me avergüenza decirlo, pero tal vez todos nos hayamos ganado todo este sufrimiento.

¿Tú que piensas? ¿Hay algún modo de remediar todo esto? Lo lamento por toda la gente que tendrá que sufrir si no podemos vencer. Pero a veces soy egoísta y lo lamento más por nosotros. El solo hecho de pensar que no volveré a verte me causa más miedo que todo el ejército que amenaza el castillo. No quiero sonar trágico, pero esa posibilidad se vuelve cada más cercana. ¿Es el destino Isabel? Si es eso, es bastante injusto. Pero en estos tiempos de acero y sangre quizá no haya espacio para los dos. No quiero escribir más por hoy. El general Monterde nos ha encargado fortificar las defensas y necesitaré dormir. Duerme bien Isa, y sé fuerte. Sé fuerte por los dos.

Prometo, mañana volver a escribirte.

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