El Horario de Sara

6:00
Se inicia el día. Sara se levanta con zonzo esfuerzo. Se viste, sin prisa, despacio. Va a correr, caminar, trotar, a moler la gravilla roja de una elipse de 3 kilómetros.
7:20
Sara regresa con la mirada fija, tensa pretendiente de alguna necia conquista. La cocina es motivo para anclarse en el puerto. Rutinario amor, hogar y estómago; sentar cabeza. Ya tiene 32 años.
9:00
Sara opone obstinada resistencia y abandona la cocina, busca mejores puertos. Un dulce amor que exija tenacidad, astucia, sutileza; aprehender con pasión, puños, dientes, tripas, corazón.
12:30
Pero Sara debe mantener ese amor; el amor rutinario, de hogar y de estómago. Una casa, y el estómago de nuevo. Levantar el lecho, asear la ropa, alistar un platillo y darse un buen baño.
13:30
Partir a la caza y cosecha. Hacer el trueque de sus servicios a cambio de una dote alimenticia, de vestido o deleite. Se le viene palabras de Ana: -¿quién en esta vida no se prostituye, aunque sea un poquito? El intercambio requiere cautela, riesgo y aguda observación.
18:30
La tarde se apaga. La breve batalla del día requerirá una pausa: una buena comida que a veces se prolongará con la compañía de las pequeñas de la familia y mamá y papá. Sentirse apapachada por la nostalgia de la infancia.
19:30
Otras veces será necesario reanudar el esfuerzo. Sara no lo hará tan entera pero conseguirá concentrarse en inventar o terminar con manía la hazaña proyectada durante la mañana.
20:30
Hasta que el ángel protector irrumpa su silencio, burlándose de ella, de su orden, robándole el aliento y se la coma con sus besos.
23:30
El día sucumbió.
Entonces Sara se quedará dormida junto a mí.

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