Mario Benedetti – Señales (Análisis)

En la trayectoria lírica de Benedetti, se establece una clara distinción entre los poemas en verso libre, y aquellos destinados al canto. Así, mientras Benedetti utiliza en ambos casos temas y asociaciones metafóricas muy próximas, se producen variaciones llamativas desde el punto de vista métrico y estilístico.

«Señales» me parece, tanto por su calidad literaria como por la presencia de rasgos sintomáticos, un ejemplo representativo de la segunda categoría.

SEÑALES

En las manos te traigo
viejas señales
son mis manos de ahora
no las de antes

doy lo que puedo
y no tengo vergüenza
del sentimiento

si los sueños y ensueños
son como ritos
el primero que vuelve
siempre es el mismo

salvando muros
se elevan en la tarde
tus pies desnudos

el azar nos ofrece
su doble vía
vos con tus soledades
yo con las mías

y eso tampoco
si habito en tu memoria
no estaré solo

tus miradas insomnes
no dan abasto
dónde quedó tu luna
la de ojos claros

mírame pronto
antes que en un descuido
me vuelva otro
no importa que el paisaje
cambie o se rompa
me alcanza con tus valles
y con tu boca

no me deslumbres
me basta con el cielo
de la costumbre

en mis manos te traigo
viejas señales
son mis manos de ahora
no las de antes

doy lo que puedo
y no tengo vergüenza
del sentimiento.

Vemos claramente que aquí Benedetti escoge la popular seguidilla*, cuyo bordón aparece gráficamente separado. Esto queda justificado por el hecho de buscar la mayor simplicidad estilística en la forma ya que cada sección posee unidad sintáctica y semántica; es decir: los heptasílabos y pentasílabos contienen oraciones breves y sencillas.

Las manos desde tiempos inmemoriales las han considerado como superficies donde el individuo lleva impresa toda su historia. Las adivinas interpreta los signos, “señales” diremos, de la palma (vv. 1 y 2 en las manos te traigo/viejas señales). Así el sujeto lírico ofrece este pasado a la amada. Ha transcurrido el tiempo y ha impreso su huella; las manos han cambiado (vv. 3 y 4 son mis manos de ahora/no las de antes) y llevan por tanto escrita una vivencia nueva. La rima estilo soneto (señales/antes), subrayando el periodo temporal como marco de una experiencia imborrable, y muy seguramente, penosa. Así pues el hombre se presenta con toda la carga el dolor marcada en él.

El primer párrafo abre la secuencia, se relaciona con los primeros versos pero también es independiente dando un carácter generalizador al contenido léxico y la intensidad expresiva dándole un aire a coro, o estribillo (y es la única parte que se repite tal cual).

En el segundo párrafo: doy lo que puedo/y no tengo vergüenza/del sentimiento se explica por esa cualidad de declaración amorosa. Ahora; Doy lo que puedo, nos consigna claramente a esas señales; aquí el amante no ofrece lo que “tiene”, sino lo que “es”. Ya que al tratarse de un reencuentro, existe complicidad y no ese pudor innato a un amor primerizo, esa complicidad permite mostrar con desnudez los sentimientos.

Los párrafos o seguidillas moldean estos conceptos, así, si los sueños y ensueños/son como ríos/el primero que vuelve/siempre es el mismo, nos hace pensar con aquel mito del eterno retorno, y en este contexto al regreso al primer amor. Donde escribe los sueños y ensueños  en referencia al mito puede ponerse en relación con el término insomnes, del v. 22, y con aquel universo imaginario del surrealismo. Los ensueños aportan la evocación de esperanza y fantasía.

Benedetti introduce además aquel tópico de casa=cuerpo expresado en otro trabajo magistral, Cuerpo Docente. Lo hace no sólo a través del concepto de muros,  que nos remite semánticamente a “casa” y a su vez la a la metáfora, más a un por el sentido espacial del verbo elevar. Y suena un eco: En alas del amor salvé las tapias:/no detiene al amor gigante muro, según aquellos versos de Romeo y Julieta (Acto 2º, escena 3ª).

Por otra parte, la tarde es un trasunto, una etapa de la vida en que se halla, alguien que según hemos deducido arriba viene de regreso. Mario nos dice que ella, la amada, ha salvado los muros de esa casa –metafórica-, un cuerpo que quizá ya no es joven, accediendo a su interior.

Los versos vos con tus soledades /yo con las mías evocan el célebre fragmento de La Dorotea de Lope de Vega, recordemos: A mis soledades voy,/de mis soledades vengo,/porque para andar conmigo/me bastan mis pensamientos./(…) No estoy bien ni mal conmigo/mas dice mi entendimiento/que el hombre que todo es alma/está cautivo en su cuerpo (1º Acto , 4ª Escena ). Esa opción de soledad, que Lope y Benedetti enuncian en plural (soledades), y a la que anteponen un enfático posesivo (vos con tus  /yo con las mías), es rechazada en los versos 19 al 21: y eso tampoco/si habito en tu memoria/no estaré solo, porque la soledad se entiende como incompatible con el recuerdo.

El verbo “habitar”, esta unido a un concepto espacial de la memoria y el amor, no sólo enlaza meramente con el surrealismo, sino también como la hace Quevedo, veamos: Siento haber de dejar deshabitad /cuerpo que amante espíritu ha ceñido;/despierto un corazón siempre encendido,/donde todo el amor reinó hospedado.

El surrealismo subsiste en la cuarta seguidilla, a través de insomnes y luna. Algo muy interesante es aquel punto de intersección con los poemas en verso libre ese, perdón, no encuentro termino mas apropiado que el de modismo: “no dar abasto”: tus miradas insomnes/no dan abasto/dónde quedó tu luna/la de ojos claros. Expresan una ternura con que la amada recibe a ese Yo lírico después de tan larga ausencia (muchas noches insomnes que han quedado grabadas en sus ojos), y sin duda encontrándolos muy cambiados, puesto que, sus miradas no dan abasto. Pero también ella ha sufrido el paso del tiempo, lo que explican los versos 24 y 25, aquel afectuoso lamento exclamadas en una hipérbole: mírame pronto/antes que en un descuido/me vuelva otro. La estructura “antes que + espacio temporal” resulta usual en estilo de Benedetti.

Un concepto antiquísimo es el de la mujer=tierra**, que preside la anteúltima seguidilla y se manifiesta con las palabras: paisaje, valles y boca: no importa que el paisaje/cambie o se rompa/me alcanza con tus valle /y con tu boca.

Benedetti ruega a la amada que no le sorprenda, dice: no me deslumbres,/me basta con el cielo/de la costumbre; prefiere los hábitos ya adquiridos, que expresa la hermosa metáfora. Así esta apuesta a la certeza, este establecimiento de aurea mediocritas que los amantes veteranos han alcanzado, se veía ya desde el verso 9 con la palabra “ritos”.

Los versos 36 a 42 reproducen “casi” (hace un énfasis posesivo), fielmente la primera seguidilla, constituyéndose ésta tanto en propositio como en conclusio.

Notas:
* La seguidilla es una estrofa de cuatro versos, los impares heptasílabos y los pares pentasílabos

**Teniendo en cuenta esta clave hermenéutica, surge una doble lectura: aun cuando la belleza de su cuerpo haya desaparecido, persisten los valles de este paisaje, que por su parentesco de hendidura corresponde con el sexo femenino; y la boca, tesorera de los besos, la más innegable manifestación del amor.

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