La primera vez que salí de casa, llevaba conmigo una maleta, dentro cabía todo, todo lo que yo tenía, todo lo que yo era.

Poco después tuve que cambiar nuevamente de departamento, tomé mi maleta otra vez. Por causas diversas, tuve que cambiar constantemente de domicilio, metía las cosas a mi maleta y volvía a partir, desempaca y empacaba con asombrosa rapidez.

Entre los cambios de domicilio surgió algo curioso, al principio fue una maleta, después, una par de maletas; una maleta y dos cajas, después hubo que echar mano de un amigo y su automóvil manera de pequeño camión mudanzas.

Ahora que estoy nuevamente sin lugar donde quedarme, me he ido dado cuenta que con el tiempo a uno lo van cercando esas pequeñas, pero necesarias cosas.

En la puerta del pequeño departamento que hoy dejo, trato de convérseme que de no es igual con los recuerdos.

Comparte:

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.