Dostoievskiy o del contemplar ambos abismos

1. Las alternativas del sentido de la vida.
La rebelión metafísica contra todo intento de recomponer o de disolver en una medida racional la humillante comedia de las contradicciones humanas, el soberano desprecio por las invenciones de la vileza que se defiende del miedo con el escudo del llamado pensamiento positivo, o la compasión hacia la vida que se agita, subterránea y no exorcisable, en el drama de su búsqueda, su lucha y su destrucción.La ambigüedad de un mundo traspasado por un alarido de horror y, al mismo tiempo, iluminado por la claridad de un sentido nuevo de la vida,  -aunque cayesen sobre mí los más horribles desengaños humanos, a pesar de todo quería vivir-. El secreto de la existencia humana no consiste solamente en vivir, sino también en para que se vive. La vida abre al hombre las tres alternativas del supremo uso que el hombre puede hacer de su persona: o abandonarse a la vía de la transgresión en el delirio nihilista del hombre del subsuelo, o renunciar a su misma libertad diciendo las tres tentaciones satánicas del tener, el hacer y el poder, o destruir el propio yo en el amor por los demás, según el sueño imposible del príncipe Mishkin de imitar a cristo, el ideal del hombre en la carne. Que constituyen el cuadro metafísico de toda la obra de Dostoievskiy, el misterio de las posibilidades de la vida.

2. El yo de la trasgresión.
El nihilista es un hombre que no se inclina ante ninguna autoridad, que no tiene fe en ningún principio sea cual fuere, la consideración que merezca tal principio.
Contra el mundo euclidiano del racionalismo positivo que pretende resolver la complejidad de los problemas humanos con el procedimiento exacto del 2+2=4 al yo del subsuelo le parece que todo el que hacer del hombre se reduce en realidad a esto: a demostrarse a cada momento uno mismo que se es un hombre y no una tecla de piano.

3. Las tres tentaciones: tener, hacer, poder.
Los hombres han nacido para ser libres, pero son incapaces de sostener el peso de la propia libertad, la libertad de la conciencia es seductora, pero no hay nada más angustioso que la libre elección del bien y del mal.
Vencer y conquistar para siempre la conciencia de estos débiles rebeldes con vistas a su felicidad: el milagro, el misterio y la autoridad.
Cristo rechazo la invitación de Satanás de convertir a las piedras en panes respondiéndole que el hombre no vive solo de pan.
El poder sobre los hombres comienza en la inhibición  de su libertad de elección, o sea, con una intervención de lo más profundo de su espíritu. En la raíz de todas las alineaciones esta el poder que destruye la fe, y con ella, el origen mismo de la libertad.

4. Cristo, ideal del hombre en la carne.
Destruir el propio yo en el amor a los demás es la gran utopía ética. Dostoievskiy lo sabe perfectamente por que la historia es desarrollo, esencialmente transición, y no consecución, y si alguna vez parece que lo es por una excepción y prodigio inesperado como ocurre en el momento del Aura que precede a las crisis epilépticas, o, en una situación ciertamente de signo muy distinto al de la anterior, de cualquier tipo de éxtasis místico.
La historia del hombre la de cada individuo y la de toda la humanidad es la historia de un sufrimiento arriesgado, como el de aquel se ve obligado a caminar por un sendero que transcurre por la cima entre dos abismos y no puede avanzar sin sentir la atracción del vértigo de un abismo o del otro: o la lucidez autodestructiva del egotismo en un mundo sin amor o la mitificación de la santidad de un mundo sin esperanza.
No es de ningún modo un sufrimiento dialéctico, sino mismo conflicto y solución al mismo tiempo.

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