Y después el mundo se volteo de nuevo. Y todas las cosas volvieron a ponerse en su sitio. Todas, menos yo. Me quede colgado con la cabeza hacia abajo. Pero nadie se dio cuenta de esto… Oscureció. Las tinieblas me arrastraron por la habitación y todo alrededor adquirió un aspecto insólito y fantástico. Todo lo que había entrado en la habitación, con la oscuridad, la lleno de un susurro confuso, débil. Un susurro casi silencioso y, sobre todo, de estos pavorosos relato. Estos relatos que, me acompañan siempre, estos que escribo… estos que viven en mí.

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